Navidad

NAVIDAD DEL SE�OR
Año I:
Profecía: Is 8,23-9,6
Psallendum: Sal 2,7s
Apóstol: Hb 1,1-12
Evangelio: Lc 2,6-20
Laudes: Sal 110,9
El psallendum y el
apóstol del día de Navidad, son los mismos para los años I y
II. La profecía de este año es interpretada por el
psallendum desde la perspectiva encarnatoria: El
Señor me ha dicho: ¿tú eres mi hijo, yo te he engendrado
hoy». El Verbo eterno se hace carne y el Padre se
complace en ello. También resalta la concepción de Cristo
como rey por el versículo siguiente (Sal 2,8): te dar� en
herencia las naciones, en posesión, los confines de la
tierra. Desde este punto de vista, el psallendum
interpreta la profecía de Isaías dejando a Cristo como
verdadero Dios, Hijo del Padre, pero también como Rey de
Israel y, por lo tanto, como destinatario de las promesas de
Dios y de las profecías que esperaban un Mesías más bien
terreno. Así, el reinado de Cristo no se limita a una
cuestión puramente espiritual, sino que abarca hasta los
confines de la tierra. Otros aspectos de la profecía que no
son recogidos por el psallendum en su interpretación
dialógica son la iluminación del pueblo de las promesas -que
en el contexto de esta Liturgia de la palabra es la Iglesia-
y la alegría, temas que ya hemos visto en el Adviento. En s�
misma, la profecía de Isaías de hoy es �un canto a la luz y
a la paz que generosamente se nos ofrecen y que se nos
invita a acoger, si reconocemos en la experiencia del pueblo
de Israel nuestra situación fruto del pecado»
1.
Sin embargo, el hecho de que el psallendum y el
apóstol se repitan estos dos años nos dice cuál es la
intencionalidad propia de este día. En efecto, la visión
encarnatoria y a la vez real -de realeza- que encontramos en
el psallendum la encontramos en el apóstol del día,
tomado de la carta a los Hebreos. El autor de la carta cita
a nuestro psallendum de hoy, por lo que nos
encontramos con una interesante sucesión interpretativa: el
psallendum resalta dos aspectos de la profecía,
mientras que la carta a los Hebreos clarifica y desarrolla
los temas del psallendum, pero también los de la
profecía de Isaías. Si en la profecía se aludía a la venida
de un Mesías, la carta a los Hebreos resume todo el
fundamento profético del Antiguo Testamento: En distintas
ocasiones y de muchas maneras habl� Dios antiguamente a
nuestros padres por los Profetas. Con el psallendum
la asamblea confiesa la divinidad de ese Mesías, según el
sentido cristiano de El Señor me ha dicho: ¿tú eres mi
hijo, yo te he engendrado hoy», que lo vemos realizado
en la voz que se refiere a Jesús en las aguas del Jord�n
(cf. Lc 3,22). La carta a los Hebreos desarrolla aún más
nuestra confesión en la divinidad de ese niño nacido en
Bel�n, diciendo que Él es reflejo de la gloria del Padre
e �impronta de su ser�. Habiendo realizado la purificación
de los pecados y estando a la derecha de Dios, alguno podría
pensar que podía tratarse de un ángel. El autor de la carta
a los Hebreos dirime la cuestión: El Padre no podía llamar
Hijo suyo a ningún ángel. Al contrario, Cristo est� por
encima de ellos. En el contexto navideño, la mención a los
ángeles es muy lógica, pues son ellos los que tienen un
protagonismo a la hora de señalar la venida en la carne del
Verbo. El himno Gloria a Dios en el cielo que
repetimos en cada celebración, es el himno angélico que
encontramos aludido en Lc 2,14.
La misión angélica, como era de esperar, se manifiesta
repetidamente en el evangelio de hoy, que también recoge la
cita al himno del Gloria que es cantado por todos los
ángeles, al que se unen los pastores, y al que en la misa de
hoy nos hemos unido también nosotros. La selección de textos
del evangelio de hoy es casi la misma que en el año II. Hay
un matiz importante: no incluye los versículos previos al
texto que hemos leído hoy, haciendo con esto que nos
centremos más en la alabanza angélica que en los hechos
histéricos que condujeron a que Jesús naciera en Bel�n. El
canto de laudes -que es el mismo para los dos años-
resalta un tema aludido en la profecía al hablar de la
purificación: el que es enviado por el Padre traer� la
redención a su pueblo.
Año II:
Profecía: Is 7,10-16; 8,23-9,6
Psallendum: Sal 2,7s
Apóstol: Hb 1,1-12
Evangelio: Lc 2,1-20
Laudes: Sal 110,9
La profecía de este año incluye
unos versículos que no se encuentran en la profecía del año
pasado (Is 7,10-16). En ellos radica la novedad de este año,
lo mismo que en los versículos evangélicos que no se leyeron
el año pasado y que, como dijimos, narran los
acontecimientos histéricos del censo del mundo entero
ordenado por el emperador Augusto. También en los versículos
proféticos propios de este año encontramos más referencias
históricas: la señal del cielo, la alusión a la casa de
David (san José), la virgen encinta y el sentido de la
encarnación de Cristo: Dios est� con nosotros. La
particularidad de este año es recogida bien por I. Tom�s:
«La Virgen que da a luz es siempre una paradoja,
naturalmente no puede haber una relación entre maternidad y
virginidad ya que físicamente es imposible. Pero, este dato
pone de manifiesto que la iniciativa parte de Dios que es
quien da un niño a su pueblo, para que en Él encuentre la
liberación de la opresión injusta y sea alegría y gozo [...]
Por último, es importante descubrir la referencia al tiempo
escatológico que el nacimiento del niño va a inaugurar; su
sustento de leche y miel así nos lo hace ver, ya que es el
alimento de la tierra prometida»
2.


CIRCUNCISIÓN DEL
SE�OR
Año I:
Profecía: Is 48,12-20
Psallendum: Sal 97,2-4
Apóstol: Flp 3,1-8
Evangelio: Lc 2,21-40
Laudes: Sal
46,2
Mientras que el calendario
romano actual celebra el 1 de enero la solemnidad de santa
Mar�a, madre de Dios, nuestra liturgia celebra un
acontecimiento cristológico: la Circuncisión del Señor. Para
I. Tom�s, esta misa �profundiza en algunas realidades
teológicas, especialmente en el sometimiento del Hijo en la
voluntad del Padre, aceptando la circuncisión en su carne, y
en el cumplimiento de la Ley, presentando a Jesús cumpliendo
todo lo que por ella estaba establecido»
3. El evangelio es el mismo para los años I y
II, y es el testimonio histérico de este misterio de la
carne del Señor que celebramos. En el evangelio se describen
tres ritos: la circuncisión del varán (Gn 17,10-14), la
purificación de la madre (Lv 12,2-8) y la consagración del
primogénito (Ex 13,2.12s). En el rito romano -en el
llamado modo �extraordinario- se celebra la purificación de
la madre y la consagración del primogénito -�ste último es
el sentido de la fiesta moderna- el 2 de febrero, conocido
popularmente como el día de las Candelas. Decíamos que la
celebración hispana es propiamente cristológica porque tanto
las lecturas como la eucología se fundamentan en la
circuncisión y presentación. En el mismo evangelio se
aprecia cómo el mismo Cristo es el cumplimiento de los
vaticinios del Antiguo Testamento, que en las personas de
Simeón y Ana se regocija por su venida. La profecía, que
narra la vocación profética de alguien que es considerado
amigo de Dios, la debemos leer en sentido cristológico: el
enviado no es otro que Cristo, que ha sido enviado con el
Espíritu de Dios. Por medio de Él, el Padre revela a las
naciones su justicia, como cantamos en el psallendum.
Pero toda esta alusión al Antiguo Testamento exige una
actitud por parte del cristiano. Además de reconocer que en
los escritos proféticos se habla de Cristo, el bautizado
debe reconocer el sentido espiritual de los ritos prescritos
para el pueblo de Israel. Y es así como el apóstol de hoy
nos invita a descubrir que la circuncisión del cristiano no
es el rito prescrito a los judíos sino dar culto con el
Espíritu de Dios y poner nuestra gloria en Cristo Jesús, sin
confiar en la carne. Dos actitudes fundamentales propias del
Adviento-Navidad salen a relucir en la carta a los
Filipenses: la alegría en el Señor y la importancia del
conocimiento de Cristo. En Simeón y en Ana descubrimos las
dos. De Simeón decía el evangelio que el Espíritu Santo
estaba en Él. Por tanto, ya antes de la venida de Cristo en
la carne, Simeón concibió su vida como un culto espiritual
agradable a Dios, poniendo su esperanza en Cristo, que
contempl� antes de su muerte. Ese es el sentido espiritual
de los ritos del Antiguo Testamento y de todos los que
esperaban en Cristo.
Año II:
Profecía: Gn 21,1-8
Psallendum: Sal 8,2s
Apóstol: Rm 15,8-13
Evangelio: Lc 2,21-40
Laudes: Sal 101,16
El evangelio de hoy, que es el
mismo del año I, describe tres ritos: la circuncisión del
varán (Gn 17,10-14), la purificación de la madre (Lv 12,2-8)
y la consagración del primogénito (Ex 13,2.12s). Este año se
subraya especialmente la circuncisión, pues la profecía del
G�nesis de hoy habla de Isaac, que no fue el primogénito de
Abrahán sino Ismael. Isaac es tipo de Cristo y al igual que
Él �es un don de Dios y cumplimiento de sus promesas»
4. Como bien señala I.
Tom�s, «La alegría de la risa que produce el nacimiento de
Isaac ser� también el tipo de alegría que produce en Simeón
y Ana el encuentro con Cristo»
5. Y es
ese ambiente de alegría, común al ciclo Adviento-Navidad el
que se respira en el psallendum: De la boca de los niños de
pecho has sacado una alabanza. Como en el año pasado -en el
apóstol-, la alusión al número octavo pretende justificar la
localización de esta fiesta en el año litúrgico hispano.
La alusión a Isaac también sirve para situar históricamente
la costumbre de la ablación del prepucio masculino. En este
día el apóstol de la carta a los Romanos explica la sujeción
de Cristo a las costumbres judías: Cristo se hizo servidor
de los judíos para probar la fidelidad de Dios, cumpliendo
las promesas hechas a los patriarcas. Pero esa sujeción no
es una muestra de exclusividad, sino que también incluye la
acogida por parte de los gentiles. Esta cuestión resuena
incluso en el canto laudes: Los gentiles temerán tu nombre,
Señor, los reyes del mundo tu gloria. Este canto se supone
que podría responder de alguna manera al evangelio del día,
y ciertamente lo hace: luz para alumbrar a las naciones
declara Simeón. Con esto queda justificada la misión de la
Iglesia en el pasado y en nuestros días. Sorprende que en
vez de preferir -como en el año anterior- una cierta
clarificación entre los ritos veterotestamentarios y el modo
de vida cristiano, en este año la Liturgia de la palabra se
decanta por prolongar el ambiente festivo propio de la
Navidad, sin renunciar, como es lógico, a la temática propia
del día.


INICIO DEL A�O
Año I:
Profecía: Is 49,1-6
Psallendum: Sal 47,11s
Apóstol: Hb 6,13-7,3
Evangelio: Jn 1,1-17
Laudes: Sal 101,16
Los prenotandos del Misal nos
dicen de esta fiesta que «Antes de que se instituyera, como
Octava de Navidad, la fiesta de la Circuncisión, se
celebraba aquel mismo día una fiesta de Año Nuevo. Ambas
tradiciones han conservado la misa In Caput Anni o
In Initio Anni. Se presta a ser utilizada en la vigilia
de fin de año o bien como misa dominical o ferial entre el 1
y el 6 de enero». Se trata, por tanto, de una celebración
que no est� vinculada a un hecho salvífico concreto que
exija un día específico en el Calendario (fijo o móvil). En
su origen fue una celebración en la que se rechazaba la
superstición pagana. Según I. Tom�s, �nos encontramos frente
a una misa no propiamente de Navidad, aunque parte de la
Encarnación del Verbo en muchas de sus fórmulas. Nos
encontramos, más bien, con una celebración que tiene como
objeto concreto hacer ver a la comunidad la necesidad de
abandonar los ídolos, para volver a Cristo, por lo tanto es
una celebración cristológica y penitencial; junto a estos
dos aspectos se unen la acción de gracias por el año que
termina y la teología del tiempo redimido por Cristo»
6.
Sin embargo, en la Liturgia de la palabra de este año I
vemos aspectos originales que sitían bien esta celebración
dentro del tiempo de Navidad-Epifan�a. En efecto, la
profecía de Isaías muestra la complacencia de Dios con su
profeta -Tú eres mi siervo de quien estoy orgulloso-, que
nos recuerda la complacencia del Padre con Cristo en el
Jord�n, misterio que recordaremos en Epifan�a. En el
evangelio se habla del Verbo como luz verdadera, que alumbra
a todo hombre, tema también muy propio del Adviento y la
Navidad. Y en el mismo evangelio se alude a Juan, que se
declara inferior a Cristo, cuestión que resuena en el
Bautismo en el Jordán. La luz también aparece en la profecía
te hago luz de las naciones, que el psallendum traduce por
una alabanza el confín de la tierra. También en el
psallendum encontramos el tema de la justicia (Tu diestra
est� llena de justicia), que podemos relacionar con
Melquisedec en el apóstol, rey de justicia. Jesucristo, lo
mismo que Melquisedec, no tiene «tiempo», esto es,
genealogía. Desde el punto de vista de la divinidad, la
inexistencia de genealogía del Hijo de Dios la expresa el
evangelio de hoy, el prólogo del evangelio de san Juan. En
cuanto al apóstol, el caso de Melquisedec es anecdótico: si
tuvo genealogía, pero nadie la llegó a conocer. Y al igual
que Melquisedec, Cristo es también rey de justicia. No
olvidemos que también el día de Navidad se aludía a la
realeza de Cristo.
Como vemos, la Liturgia de la palabra de este año sitía bien
esta celebración en el tiempo de Navidad. Las oraciones del
misal, sin embargo, irán por otros derroteros.
Año II:
Profecía: Jer 10,1-10
Psallendum: Sal 113,3. 1
Apóstol: 1Cor 10,14-11,2
Evangelio: Mt 10,5-8
Laudes: Sal 117,8
El evangelio de hoy es el texto de la primera misión
encomendada por Jesucristo a los apóstoles cuando aún vivía
en nuestra carne mortal. Es importante clarificar esto
porque el texto parece desmentir algo que hemos escuchado
hasta ahora: Jesús prohíbe la evangelización de los
gentiles. El Señor recurre aquí a una cuestión did�ctica: a
los que primero recibieron la revelación por los profetas, a
esos hay que predicar primero el evangelio. Pero la
selección de este texto hoy tiene una intencionalidad clara:
evitar el trato con la paganía. Si la Liturgia de la palabra
del año I situaba esta celebración del Inicio de Año dentro
del contexto de la Navidad, en este año II se manifiesta su
identidad propia: se invita a rechazar la religión pagana.
El canto de laudes contrapone la confianza en Dios y en los
hombres, aludiendo quizás a lo que hoy se ha venido a llamar
la conciencia religiosa del hombre presente en las
religiones. Sin embargo, el binomio profecía-apóstol es más
categórico: no se trata de hombres que han intentado
alcanzar a Dios y han «creado» religiones, sino que se
considera a las religiones paganas del entorno de Israel
como demon�acas. Este calificativo resuena también en muchas
pasiones de mártires y en la eucología martirial.
La profecía de Jeremías se limita a declarar la falsedad de
estas religiones: No imit�is la conducta de los paganos, no
os asusten los signos celestes que asustan a los paganos;
los ritos de esos pueblos son falsos. Este desprecio también
se extiende a los ídolos, calificados de «espantap�jaros».
Al ensalzar a Dios, el profeta lo llama rey de las naciones,
lo que equivale a decir que el reconocimiento del Dios
verdadero implica un rechazo de las supersticiones
religiosas. En el psallendum cantamos la omnipotencia de
Dios, el Dios que sacó a Israel de Egipto y, como es de
suponer, del culto a dioses falsos.
Aunque exhortando a una conducta que no escandalice a judíos
y gentiles, el Apóstol nos invita también a rechazar la
idolatría y los ritos de los gentiles, que son duramente
condenados: los gentiles ofrecen sus sacrificios a los
demonios, no a Dios, y no quiero que os un�is a los
demonios. No pod�is beber de los dos cálices, del Señor y
del de los demonios. No pod�is participar de las dos mesas,
de la del Señor y de la de los demonios. Si en la
declaración Nostra aetate (n. 2) del Concilio Vaticano II se
declara que en las religiones puede haber «un destello de
aquella Verdad que ilumina a todos los hombres» -o lo que es
lo mismo, ver -el vaso medio lleno-, el pensamiento paulino
previene ante las falsedades de las religiones que no est�n
fundamentadas en la Revelación, lo mismo que el pensamiento
profético del Antiguo Testamento y, en buena medida, el
pensamiento de la Iglesia primitiva.


MANIFESTACIÓN DEL SE�OR
Año I:
Profecía: Is 60,1-6. 9-14b. 18s
Psallendum: Sal 65,4s
Apóstol: Gal 3,27-4,7
Evangelio: Mt 2,1-23
Laudes: Sal 148,3
La Epifan�a, la Manifestación del Señor, es una celebración
que recuerda varios hechos salvíficos de la vida de Cristo
en los que Él se muestra como Dios y hombre verdadero.
Cuatro son los misterios que la celebración en rito hispano
contempla: el bautismo en el Jordán, las bodas de Can�, la
adoración de los magos y la multiplicación de los panes. El
título latino de esta misa Apparitio puede dar lugar a
confusiones, por lo que más que «aparici�n� su traducción
correcta sería �manifestaci�næ, que es el sentido del
término �epifan�a», que es el usado en el rito romano para
este día.
En este año I las lecturas aluden principalmente a uno de
esos misterios, la adoración de los magos. No en vano se
conoce popularmente a este día como el día de «reyes»,
refiriéndose a los reyes magos. Sólo la carta a los Gálatas
alude al bautismo, aunque se refiere al bautismo sacramental
de la Iglesia. También aparece aludido el nacimiento de
Cristo de una virgen, nacido bajo la ley.
El evangelio de este día es más amplio que en el año II. La
misión de los magos de Oriente es adorar al Rey de los
judíos. Nos encontramos, nuevamente, con otra alusión a la
realeza de Cristo. Y es por su condición de rey por la que
Herodes comete el crimen que se conmemora el 8 de enero en
nuestra liturgia: la degollación de los inocentes, que se
celebra desde antiguo en el rito hispano. En este evangelio
sobresale la importancia de los sueños: en ellos los magos
reciben la indicación de no volver a Herodes y san José -que
celebramos el día 3 de enero- la de ir a Egipto para escapar
de la ira de Herodes.
La profecía ya nos prepara para el evangelio, trayendo datos
que se refieren a los magos: los dones de oro e incienso, la
luz como imagen de la estrella que guía a los magos, etc. La
luz, tema que ocupa el ciclo Adviento-Navidad, llega aquí a
su punto culminante. Sobresale también aquí la universalidad
de la salvación: «La nueva Jerusalén, iluminada por el mismo
Dios, que es su luz, aparece convocando a todos los pueblos,
también a sus reyes, para que contemplen y experimenten la
Salvación de Dios» 7. Entre los convocados estamos también
nosotros, que con el psallendum aclamamos: Que toda la
tierra te adore, que cante para ti.
Año II:
Profecía: Nm 24,3-9. 15-18
Psallendum: Sal 71,10s
Apóstol: Tit 2,11-3,7
Evangelio: Mt 2,1-15
Laudes: Sal 148,3
El evangelio de este día, más breve que el del año anterior,
se centra en la misión de los magos de Oriente de adorar al
Rey de los judíos, pero omite la degollación de los
inocentes, misterio propio del día 8 de enero. La
exhortación del año pasado a adorar a Cristo niño se recoge
también este año en el psallendum. También en el apóstol de
hoy sale el tema del bautismo, en sentido sacramental como
en el año I: según su propia misericordia nos ha salvado:
con el baño del segundo nacimiento y con la renovación por
el Espíritu Santo. Con carácter propiamente parenético �como
suele ser en el rito romano», el apóstol nos habla de una
apparitio de Cristo, pero es la definitiva, la aparición
gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro: Jesucristo. No
debería sorprendernos que por esta idea se haya seleccionado
el texto de la carta a Tito para este día. Por otro lado, la
invitación de san Pablo es a convertirnos en un pueblo
pacífico, donde estemos dispuestos a toda forma de obra
buena, sin insultar ni buscar riñas.
La profecía que est� tomada del libro de los Números,
también tiene en mente a Cristo como Rey, pero de una forma
interesante. Recoge el tercer oráculo de Balaam, un pagano
que conoce al Dios verdadero. Un primer nivel interpretativo
es la vinculación de Balaam con los magos de Oriente, como
lo hace I. Tom�s: «Cristo se presenta, de esta manera, como
cumplimiento de las promesas hechas en el Antiguo Testamento
y manifestado a las gentes, significado en los magos que,
como Balaam, son también paganos y como Él interpretan los
signos de los tiempos ya que Dios mismo los ha iluminado»
8. Pero otro sentido menos evidente lo podemos
ver en un cierto paralelismo entre Balaam y Juan el
Bautista. En efecto, Balaam se describe a sí mismo como
oráculo del hombre de los ojos perfectos, que en latín es
más bien el de los ojos abiertos. Es el profeta que
contempla visiones del Todopoderoso, en éxtasis, con los
ojos abiertos. En la misa que conmemora en nacimiento de san
Juan Bautista, se comprende su misión como iluminación, y
ese mismo día est� concebido en las religiones paganas en
relación a la luz. El bautismo de Juan en el Jordán,
misterio que se celebra este día, puede referirse también en
la profecía de Números. Juan precede al Salvador, Él mismo
no pertenece al grupo de Jesús y parece quedarse en el
Antiguo Testamento, como Balaam en la paganía. Pero ambos
son instrumentos de Dios y llevan a reconocer la
manifestación de Dios. También la lectura de Números aludir�
a que el héroe sale de Egipto, acontecimiento que no se lee
en el evangelio de este año.


Notas:
* Publicado en:
Liturgia y espiritualidad: revista mensual vinculada al Instituto
Superior de Liturgia y al Instituto de Teología Espiritual de Barcelona,
Año 41, 2010, pp. 613-625. Ed.
Centre de Pastoral Litúrgica (Barcelona). Versión electrónica en
Lexorandies:
http://lexorandies.blogspot.com.es/2011/12/navidad-del-senor-hispano-mozarabe.html
24/12/2011,
http://lexorandies.blogspot.com.es/2011/12/inicio-del-ano-rito-hispano-mozarabe.html
31/12/2011,
http://lexorandies.blogspot.com.es/2012/01/circuncision-del-senor-rito-hispano.htm
1/1/2012 y
http://lexorandies.blogspot.com.es/2012/01/manifestacion-del-senor-rito-hispano.html
5/1/2012 respectivamente.
Reseñas b�blicas de laudes añadidas por La Ermita (N. de La
Ermita).
1. Ignacio Tom�s C�novas, Teología de
las celebraciones del tiempo de Navidad en la liturgia Hispano-Mozárabe
revisada en 1991, Grafite Ediciones, Bilbao, 2003, p. 61.
2. I. Tom�s, o. c., p. 74s.
3. I. Tom�s, o. c., p. 338.
4. I. Tom�s, o. c., p. 93.
5. Ibid.
6. I. Tom�s, o. c., p. 97 (nota 177).
7. I. Tom�s, o. c., p. 124.
8. I. Tom�s, o. c., p. 138.
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